Música y comunicación. Parte II: de la música a la músicoterapia

Publicado en feb 16, 2015 en blog, Fundamentos de musicoterapia | 0 comentarios

La música y la comunicación son el eje de la musicoterapia. Entre los recursos que utiliza, están  los parámetros musicales (melodía, armonía y ritmo), y del sonido (altura, duración, intensidad y timbre,) para abrir canales de comunicación con las personas, y establecer un contacto que va más allá de la simple comunicación verbal. Por eso utiliza prevalentemente la comunicación no-verbal. 

 

Características generales de la comunicación                        056B03225  

 

La comunicación está a la base de la supervivencia de todas las especies: sin comunicación no hay vida. Los animales emiten sonidos diferentes según lo que tienen que comunicar y estos códigos están impresos en el bagaje genético de cada ser viviente, que nace con este imprinting que le permite reconocer el llamamiento de su madre entre miles y miles de voces. El inconsciente individual y el inconsciente colectivo contienen esos sonidos arquetípicos que despiertan nuestras reacciones instintivas frente a ciertas situaciones, y nos guían a la hora de interpretar un estímulo sonoro para indicarnos cuál es la manera mejor de responder.

Todas las especies emiten sonidos con la voz y con el cuerpo, que permiten a cada ejemplar desarrollar las tareas más importantes para su supervivencia: defenderse ante un peligro, procurarse la comida o buscar a su propia manada.

El ser humano ha inventado un código más para comunicarse: la palabra.

Lo que distingue el hombre de los otros animales es la capacidad de utilizar el intelecto para modificar el ambiente que le rodea, asimismo la comunicación humana ha evolucionado mucho más que en las otras especies, y de ser dominada por el instinto y la necesidad ha pasado a ser utilizada también como algo placentero e intencional para crecer como individuo y ganar éxito en la sociedad.

El lenguaje no verbal fue el primero en desarrollarse al principio de la historia de la humanidad. Mucha parte de ello se ha quedado en el lado inconsciente de nuestra mente, así que lo utilizamos sin darnos cuenta. El primer axioma de la comunicación afirma que “no se puede no comunicar”,  y nos informa que el 70% de la comunicación pasa por lo no verbal. Nuestra postura, los movimientos oculares, el tono de voz, los movimientos de las manos, el espacio que ocupamos: estos y más factores comunican mucho más de cuanto puede hacerlo la palabra.

Es por esta razón que la comunicación no verbal cobra tanta importancia en musicoterapia: en sujetos que han sufrido un trauma grave, o que tienen una enfermedad que limita sus posibilidades comunicativas, el lenguaje no verbal queda anclado a una parte del cerebro y conserva su eficacia, haciendo posible el acto comunicativo y la significación de las intenciones comunicacionales.

 

 

Características del de la música y del sonido

 

Una parte fundamental de la comunicación no verbal pasa por la música y por el sonido.

La música en sí no tiene poder terapéutico y no contiene un mensaje universal, sino que su contenido existe en relación a un sujeto receptor que le atribuye un significado emocional y/o social. Nos comunica sensaciones porque proyectamos sobre ella nuestras emociones y vivencias; en este sentido funciona como objeto intermediario entre nuestro yo y el mundo exterior y actúa como “ancla”, favoreciendo la asociación y la evocación.

Entre los jóvenes actúa como símbolo de pertenencia a un grupo porque fortalece la identidad personal y favorece la interacción social: en ella encuentran un vehículo de expresión, de manifestación de ideales y valores, e incluso hace más permisible la transgresión.

El mensaje de la música está también influenciado por nuestras emociones del momento y por nuestra cultura. De hecho podemos hablar de música “objetiva”, que nos incide por sus propiedades específicas, y de música “subjetiva”, que pertenece a nuestra cultura o a nuestra historia personal y por eso nos impacta más emotivamente.

La música ayuda a relacionar palabras e ideas con las emociones, y por su poder asociativo, hace que recordamos mejor un acontecimiento si lo relacionamos a una pieza musical. Por ser anticipadora y reforzadora es muy utilizada para evidenciar mensajes hablados o visuales, y bien lo saben los creadores de anuncios publicitarios: para reforzar el mensaje del anuncio, incluyen unas notas de fácil memorización o una canción conocida, así su contenido se queda grabado en nuestra memoria.

El sonido también tiene la capacidad de comunicarnos elementos del mundo que nos rodea. Siendo el sentido de la audición un sentido abierto permanentemente, nos avisa de un peligro o de un acontecimiento incluso cuando estamos dormidos. Nuestro cerebro es capaz de seleccionar los estímulos para evitar que cualquiera interrumpa el sueño, y de sintonizarse solo sobre los que pueden interesarnos o darnos una alarma.  

Los parámetros del sonido son:

 

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Estos elementos se utilizan en musicoterapia como medios para trabajar objetivos específicos, como la prosodia, el movimiento intencional, y la orientación espacial y temporal, entre otros.

¿Qué es la prosodia?

La prosodia se encarga del estudio de la entonación, y se define como el conjunto de fenómenos fónicos que abarcan más de un fonema o segmento: entonación, acentuación, ritmo, velocidad de habla, etc. La prosodia cumple una función clave en la organización e interpretación del discurso y, además, transmite información emotiva, sociolingüística y dialectal.                                                                                           

(Fuente: Centro Virtual Cervantes)

La música como medio de comunicación en musicoterapia

 

Hasta aquí hemos visto que música y comunicación tienen muchas características en común.

En musicoterapia la música no es el objetivo de la acción terapéutica, sino un recurso para alcanzar los objetivos terapéuticos. Es decir: el musicoterapeuta no se fija en el resultado estético de lo que escucha, sino en su intención comunicativa. En cuanto la música es un medio a través de lo cual es posible expresar tensiones, problemas, recuerdos, emociones y deseos, la producción corporo-sonoro-musical es una valiosa fuente de información, y, a través de sus características, puede guiarnos para percibir lo que la persona está comunicando.

La pedagoga y profesora de música Violeta Hemsy de Gainza ha individuado como ciertos bloqueos emocionales y ciertas vivencias de sus alumnos se transferían al instrumento que tocaban y se traducían en la producción musical. A lo largo de las sesiones ella pudo observar que “la música mueve, moviliza, y por eso contribuye al cambio y al desarrollo. (…) La actividad musical muestra, es indicativa de algo, el individuo que hace música se manifiesta a través de conductas comprensibles y descodificables. El observador especializado capta la cantidad y la calidad del sonido producido”. Es decir: cuando no podemos expresar en palabras algo muy doloroso y difícil, lo comunicamos a través de la música, que se convierte en nuestra voz.  

Incluso a veces un trauma muy grande puede callar nuestra voz interior y alejarnos del instrumento que sabemos tocar, y dejar de tocar puede compararse a dejar de hablar. Es una forma de pedir ayuda y de comunicar con el mundo. En su interesante relato “La joven que escondió el si bemol”, el musicoterapeuta Ricardo Sidelnik, nos cuenta de una paciente que “había inventado una nueva figura musical: el silencio del si bemol. Esa nota, o la ausencia de ella, condensaba metafóricamente una significación especial, allí se anudaba algo de lo no dicho, un secreto antiguo con una impronta simbólica”.

En este sentido la improvisación musical es una de las formas más interesantes e intensas de comunicar, y la más rica en un contexto terapéutico porque está llena de mensajes y de informaciones sobre los participantes al proceso. Como observa Rolando Benenzon: “toda actividad musical es una actividad proyectiva, mediante la cual el individuo se muestra”.

En musicoterapia sabemos que la comunicación empieza en el momento mismo en el que el paciente entra en la sala: que hayan palabras o no, que haya sonido o no, que haya inmovilidad o movimiento, se ha puesto en marcha un proceso de comunicación que está a la base de la relación terapéutica. Cualquier acción del paciente es un mensaje sobre su estado de ánimo, su historia personal o es una respuesta del momento a lo que está pasando en la sesión.

En este marco las reglas en musicoterapia son justo el opuesto que las de la vida moderna: no hay prisa, no hay metas a corto plazo, no existe lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto. Cada gesto, cada sonido y cada silencio son importantes y significativos, y son aceptados como expresión de la unicidad de cada ser humano. 

Conocer el poder comunicativo de la música, del sonido y del silencio significa empezar a comunicar con esa parte primitiva que hemos olvidado, con nuestro lado inconsciente e instintivo, que tiene sus raíces en los orígenes de la historia de la humanidad y que es depositario de los secretos del universo.

 

tambores

 

 

Bibliografía

Mariano Betés de Toro: “Fundamentos de musicoterapia”. Ed. Morata, 2000

Serafina Poch Blasco: “Compendio de musicoterapia” vol.1. Herder, 1999.

Kenneth Bruscia: “Modelos de improvisación en musicoterapia”. Agruparte, 1999.

Violeta Hemsy de Gainza: “Música: amor y conflicto. Diez estudios de psicopedagogía musical”. Ed. Lumen, 2002.

Rolando Benenzón: “La nueva musicoterapia”. Ed. Lumen, 2008.

Revista digital Didact@”: Mt. Ricardo Sidelnik, “La joven que escondió el Si bemol”. (artículo)

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